domingo, 4 de marzo de 2012

Cuando la lengua se convierte en el campo de batalla.



No es la primera vez que encontramos respuestas tan frontales a las recomendaciones de un lenguaje no sexista, lo que si sorprende es lo prolijo y el espíritu de furia herida que dejan los argumentos firmado por Ignacio Bosque,  que  desde la opinión personal, hasta al argumento técnico parece querer socabar los cimientos de un camino que la sociedad española emprendió hace años,  para lograr una situación de mayor igualdad entre mujeres y hombres.  
Un camino que se ha construido con múltiples acciones, como son los cambios legislativos, la creación de organismos de igualdad,  las  medidas  de acción positivas adoptadas en todos los ámbitos ( a la que efectivamente debemos la paridad para lograr una mayor representación de mujeres en estructuras en las que estábamos infrarrepresentadas),  la denuncia de situaciones de discriminación sexista, y un complejo  e ingente  trabajo que desde muy diferentes ámbitos se ha desarrollado para modernizar un país que contaba con una legislación diferente para mujeres y hombres,  hasta la aprobación en 1978 de la Constitución.
Ninguno de estos cambios ha sido casual, el trabajo no siempre reconocido del movimiento feminista,  así como de los sindicatos, partidos y de todas aquellas personas que han optado por  la igualdad como su seña de identidad, ha permitido dar un giro copernicano a una sociedad que partía de una discriminación contra la mujer asumida legal y prácticamente.  Y a pesar de que aún estamos lejos de la igualdad real, sin la adopción de medidas concretas, hubiera sido imposible no solo llegar hasta donde hoy nos encontramos, sino, ni siquiera poder reconocer como tales las situaciones de violencia y discriminación hacia las mujeres.  
Mucho me temo, que  como sigamos retrocediendo en las políticas públicas y de igualdad, la situaciones de desigualdad y discriminación sexista se van a disparar, no solo por la crisis económica, sino por la extensión de un pensamiento conservador que siempre desconfío de la perspectiva de género, por considerar que alteraba el orden natural de la sociedad. No es la primera vez en la historia, que en tiempos de crisis, las mujeres no s vemos abocadas a una mayor precariedad laboral (UGT ha realizado un excelente trabajo sobre las consecuencias de la Reforma Laboral), y a un cambio de modelo en las relaciones de género. 
En el informe de Ignacio del Bosque que acaba de aprobar la Real Academia de la Lengua (4-3-2012),  esta situación ha quedado perfectamente escenificada. El empeño por cuestionar el uso de un lenguaje no sexista, con argumentos tanto técnicos, como completamente subjetivos y valorativos, me hace volver a reafirmarme en la idea de que aún queda mucho por hacer, para que las mujeres podamos habitar el mundo, sin sentir que nuestras reivindicaciones, justas y necesarias para que la democracia sea real, no constituyan una amenaza a una parte de la sociedad.
Me pregunto porque provoca reacciones tan defensivas, querer que el lenguaje reconozca la existencia de mujeres y hombres. No soy lingüista, tan solo una más de las muchas mujeres (afortunadamente cada vez son más, los hombres que se suman a la igualdad) que desde hace treinta años defiendo con mi trabajo y compromiso, los derechos de las mujeres y del conjunto de la sociedad.  Y fue precisamente hace treinta años, cuando comencé a militar en colectivos de educación no sexista. Investigando y analizando la realidad educativa, comprendimos la existencia de un currículo oculto que actúa sobre la identidad de alumnos y alumnas, así como sobre las relaciones que se establecen. El lenguaje forma parte de este currículo. En palabras de Estrella Montolio, (Doctora en Lengua española por la Universidad de Barcelona y profesora titular)               Los patrones lingüísticos que nos parecen “naturales” en realidad son parte de un conjunto de prácticas sociales que hemos ido aprendiendo desde la infancia y que hemos ido convirtiendo en un protocolo, en un ritual que ejecutamos de manera casi inconsciente y que facilita nuestra comunicación con la otra persona. Desde esta perspectiva el lenguaje puede y debe evolucionar para reflejar relaciones de igualdad, en el que las mujeres estemos presentes, y en el que se cambien expresiones que discriminen o excluyan.
Por otra parte, la visibilidad de las mujeres en el lenguaje, ha sido tan importante, que nos ha permitido establecer la variable género en los estudios e investigaciones, aportándonos una valiosa información sobre la realidad de mujeres y hombres en los distintos campos de análisis. Todavía hoy, cuando el genérico masculino enmascara a los dos sexos, nos encontramos con análisis estadísticos que no aportan información segregada por sexos. Por ejemplo, el hecho de hablar de maestra o maestro, nos ha permitido constatar que las mujeres estamos de forma mayoritaria trabajando en los niveles de infantil y primaria, mientras que la presencia de catedráticas y rectoras disminuye ostensiblemente ¿es este un dato menor?. La lectura correcta de la realidad abre múltiples posibilidades para analizar cuales son los factores que actúan, impidiendo la presencia equitativa de ambos sexos. Lo mismo ocurre con los análisis en el ámbito laboral, político o cultural. ¿es esta una cuestión menor? Creo que no, como tampoco lo es que aprendamos a habitar el lenguaje desde la conciencia de la equidad.
La igualdad, como todo cambio de justicia social, no llega por generación espontanea. Ha sido necesario y siguen siendo imprescindibles medidas que articulen procesos de corrección ante la discriminación, que históricamente hemos vivido las mujeres. Entre muchas de las medidas que se han adoptado la utilización de un lenguaje no sexista se está planteando tanto en empresas ( de forma importante en aquellas en las que los planes de igualdad se están desarrollando o en las que tienen un compromiso de responsabilidad social) como en partidos, sindicatos, universidades y todas las organizaciones o entidades que caminan hacia mayores cuotas de igualdad. Por esta razón se han editado guías específicas que “recomiendan” su utilización. ¿De verdad es tan peligroso hablar de trabajadores y trabajadoras? ¿De alumnos y alumnas?. Comparto con el autor que es fundamental que la enseñanza de la lengua contribuya a defender las ideas, luchar por los derechos y realizarse personal y profesionalmente. Por esta razón, defiendo un lenguaje no sexista, que me permita defender mis derechos, luchar por los derechos de las mujeres y el conjunto de la sociedad.
Entrevista de Mercedes Bengochea sobre el Informe de la RAE y la lengua no sexista